A casi todos nos gustan las regañas, pero conozco a poca gente que se le haya ocurrido hacerlas. El otro día íbamos a hacer un pedido a El Rincón del Segura y nos dimos cuenta de que aún quedaban semillas de sésamo del último pedido. Para utilizarlas, decidimos probar a hacer unas regañas, que normalmente siempre compramos en tiendas u otros sitios. Y la verdad es que el resultado ha sido super adictivo.
INGREDIENTES:
- 400 gramos de harina de fuerza.
- 60 gramos de vino blanco.
- 80 gramos de agua.
- 1 cucharada de una mezcla de sal y sésamo molido (si no tienes, con media cucharada de sal bastará, pero esta mezcla de sal y sésamo molido es genial incluso para las tostadas del desayuno. La sal se muele junto al sésamo y ya).
- 100 gramos de aceite de oliva (en el próximo intento utilizaré aceite de sésamo a ver que tal quedan).
- 4 cucharadas de semillas de sésamo.
PASO A PASO:
- Precalienta el horno a 180ºC
- Mezclar la harina con la sal y el sésamo (tanto la mezcla de sal y sésamo como las semillas de sésamo).
- Añadir aceite tibio y mezclar poco a poco. Añadir después el vino blanco y el agua tibia y mezclar hasta que no queden grumos.
- Estirar la masa con un rodillo hasta que quede bastante plana; eso ya depende de como te gusten pero ten en cuenta que se hincharán un poco con respecto a su tamaño inicial.
- Cortalas en cuadrados. Ponlas encima de papel vegetal y mételas al horno.
- Deja unos 15-20 minutos, vigilando de vez en cuando para que no se quemen. Yo lo que hice fue darles la vuelta a los 10 minutos y luego dejarlos un poquitín más, pero eso depende del horno en el que lo hagáis.
- Dejar enfriar y comer. Guardar las regañas en un sitio aislado del aire para que no se reblandezcan.
¡Adictivas!
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